El éxito industrial y financiero de la ciudad modeló este barrio, que rezuma elegancia.
Aunque resultó afectado por los bombardeos de la II Guerra Mundial, la unidad de su estilo lo convierte en uno de los mejores ejemplos del urbanismo de los siglos XVIII y XIX. Se lo bautizó con el nombre de su promotor: Graslin. Los arquitectos Ceineray y Crucy se encargaron de darle forma.


